Escribo desde un retazo de sueño de apenas cincuenta habitantes, el lugar donde he crecido, madurado, llorado y sentido de verdad. Abandonar mi pueblo es...como despertar de un sueño, uno en el que no envejeces, en el que los problemas se van con el polvo de los caminos y cada momento guarda una sonrisa.
Abandono mi pueblo con buen sabor de boca, tirando con fuerza de mi pesada voluntad y recordando aquellos momentos que de verdad he vivido.
Quizá se acabe el verano, pero me alegra saber que puedo añadir unos meses mas de vida, de verdadera vida, a mi calendario.
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