Los engranajes continúan su camino con inquebrantable convicción mientras el óxido fagocita lentamente su esmaltado metal. Los contemplo desde fuera, sin intervenir, soy un espectador pasivo, un voyeur de este asesinato a sangre fría, esa misma sangre que fluye por mis venas, cada vez más cansadas.
El reloj no me pide ayuda, es demasiado orgulloso. Así que nos miramos impasibles, mientras su óxido va carcomiendo su piel y mi oxígeno abandona poco a poco los fuelles que me mantienen con vida. Un duelo de titanes que esperan la inminente muerte del otro, un duelo sin premio ni balas.
Ella nos contempla desde la ventana, está llorando, no entiende por qué nos disputamos su abrazo como el mayor de los castigos. Yo tampoco lo entiendo, ni si quiera me acuerdo de cuando empezó esta lucha por y para nada. Estoy cansado, mis pulmones están cansados.
Cuando la miro a través de la ventana, la verdad de su mirada me atraviesa como el plomo que nunca conocí. Lo contemplo por última vez, saboreo mi última bocanada y suspiro, hoy puedes ganar tú, reloj, yo...yo me voy a tomar una siesta.
{INNANIS HOMO SPECTAS}
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