17 dic 2013

Carta a la vida

Se alza el Sol sobre la cueva del subconsciente, sobre la irracionalidad, esa que más de una vez nos ha salvado, ante el espejo cóncavo y despiadado, del suicidio. Lloro ante ese esperpento antihéroe, impúdico y sincero, buscando una mueca de compasión, febril y poco lúcida, víctima de mi delirio. Y al afirmar los últimos resquicios de sadismo sin ventanas por donde escapar, me sumerjo en la inmensidad del absurdo, en esa compasión tantas veces deseada, la manera más funesta de evadirse, de excusarse de la realidad. Pese a esa lacra, el tiempo fluye y no cesa de dejarnos huella, y me reescribo con el mismo odio que, después de la permuta, desgarra tu cuerpo despojando cualquier indicio de alma, al darte cuenta que nada, con o sin esfuerzo, ha cambiado. En ese momento la imaginación llega a su máximo exponente, siendo capaz de tocar lo intocable, de terminar con lo interminable, de empuñar el arte y cometer el crimen que muchos desean, y pocos se atreven: de amar a la muerte; no de aspecto lúgubre o tenebroso, sino como el haz de luz que te ilumina el camino y te guía por la madurez hasta descubrir Nunca Jamás.

1 comentario:

  1. Surrealista,me encanta=)
    Se cierne el sol sobre las cabezas huecas de los hombres huecos.

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