La pantalla se apagó entre esperanzas en éxtasis y el desconcierto de la habitación desconocida. Era tan sencillo el mundo bajo la luz de los leds imperativos que su nueva categoría de "hombre libre" apagó cualquier resquicio de emoción.
Se levantó entre la oscuridad y buscó apoyo en sus polvorientos pensamientos, pero no había nada. Los años de teclas y clics habían mecanizado sus falanges y "clasificado" su conciencia dentro del cubo de basura.
Se había convertido en un zombie con ansias de cerebros; las viejas pelis de muertos que caminan habían resultado una mentira, los zombies no nacen de los virus, no se propaga su dominio por la sangre. La ciencia ficción posee la clave, el portátil y el ratón heredarán la tierra.
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